jueves, 7 de diciembre de 2017

7 medios espirituales para recibir a Cristo en la Navidad.

1. Ayunar en Adviento

Si bien las cuatro semanas previas a la Navidad tienen un carácter “más alegre” que la penitencia previa a la Pascua, nosotros debemos esperar 
hasta el cumpleaños de Jesús para celebrar en la cena avideña.

Este sacrificio, además de tener un valor espiritual, genera más gusto y expectativa en la Navidad.

2. Levantarse 10 minutos más temprano

No es fácil levantarse temprano por las mañanas, pero un poco más 
de tiempo cada día nos da la oportunidad de empezar bien la jornada con Dios: una oración personal por la mañana, una breve lectura de las Escrituras, el rezo del Rosario, etc.

San Josemaría Escrivá dice que el momento de levantarse es el "minuto heroico", el cual decide sobre todo el día.

La Biblia nos dice que San José solía levantarse rápidamente de un sueño y, sin duda, es una gran ayuda para quienes les cuesta dejar de lado la comodidad.

3. Obsequiar presentes desde el corazón

Todos los días se puede obsequiar un pequeño regalo, carta o imagen. Siempre me pregunto ¿por qué no dar una alegría a alguien por cada día de Adviento?

Es bueno tener un plan previo: obsequiar quizás una fotografía en blanco y negro a un familiar, juguetes de mis hijos para un sobrino, las chaquetas de invierno para un hogar de niños huérfanos o hacer galletas para una casa de ancianos.

4. Tener un tiempo de silencio cada día

Todos los días de Adviento debemos contar con una hora de silencio. Ni radio, ni teléfono, ni televisión, ni música de fondo, sino utilizar el tiempo para momentos de oración y reflexión. Y si sentimos inquietud o preocupaciones, debemos enderezarlas para dejar que el Mesías entre en el corazón. La paz externa y silencio interior limpia casi automáticamente el alma.

5. Visitar a Jesús

La Navidad no es de “Santa Claus”, sino del pequeño niño en el pesebre. Aquí es el Hijo de Dios quien nos alimenta verdaderamente, tan pequeño y, que sin pretensiones, está presente en todos los tabernáculos.

La Navidad es la celebración del "pan vivo" que ha llegado del cielo como nuestro alimento. Belén significa "casa del pan".

Todos los días se puede visitar la iglesia aunque sea solo unos minutos. Asistir a Misa es una forma de devoción.

6. Confesarse

Jesús nace en un establo, en pobreza y modestia, lejos del bullicio de los albergues. Sin embargo, ciertamente San José tuvo que remover las telarañas y la suciedad alrededor, mientras que Nuestra Señora desempaquetó ropa de cama limpia para preparar un buen lugar al recién nacido. Por encima de todo, tenían un corazón lleno de amor puro.

Sin confesión no hay una buena Navidad para los católicos. La paja vieja o podrida debe ser barrida del corazón. Otras veces limpiar el polvo es suficiente, pero Jesús siempre quiere encontrar una morada donde pueda reposar.

7. Devoción a María

Sin María no existiría Jesús. Sin María no podríamos celebrar la Navidad porque el Hijo de Dios no se habría convertido en hombre. Por lo tanto, el camino a Belén es el de la Madre de Jesús, que es nuestra también.

Todos los días se debe rezar el Rosario. Debemos orar a la Virgen María todos los días de Adviento para recibir a Jesús y no solo en la víspera de Navidad.

También debemos orar por la maternidad de todas las mujeres que esperan o han perdido un hijo en esos días.

Es menester dirigirnos a nuestra Madre, a quien le pedimos su intercesión en nuestras necesidades, para darle gracias por su 'sí' en Nazareth, por el cuidado y la crianza de Jesús, por su ayuda maternal a Él y a nosotros, por su lealtad en la Cruz.

Podemos obsequiarle flores, una oración especial o una pequeña peregrinación a una iglesia. También podemos darle todos los días una nueva alegría, quizá reconciliándonos con antiguos enemigos, renunciado a malos hábitos u ofreciendo nuestro trabajo por más difícil que sea.

¿Por qué todo esto? Solo para hacerla feliz. Para darle algo a cambio del mejor regalo de todos: ¡Jesús!


domingo, 26 de noviembre de 2017

Contemplar el evangelio de hoy 26.11.2017 (XXXIV TO A)

Domingo XXXIV del tiempo ordinario: Jesucristo, Rey del Universo (A)
Texto del Evangelio (Mt 25,31-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

»Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?’. ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’.

»Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y Él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna».
«Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis»
Hoy, Jesús nos habla del juicio definitivo. Y con esa ilustración metafórica de ovejas y cabras, nos hace ver que se tratará de un juicio de amor. «Seremos examinados sobre el amor», nos dice san Juan de la Cruz.

Como dice otro místico, san Ignacio de Loyola en su meditación Contemplación para alcanzar amor, hay que poner el amor más en las obras que en las palabras. Y el Evangelio de hoy es muy ilustrativo. Cada obra de caridad que hacemos, la hacemos al mismo Cristo: «(…) Porque tuve hambre, y me disteis de comer; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; en la cárcel, y vinisteis a verme» (Mt 25,34-36). Más todavía: «Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).

Este pasaje evangélico, que nos hace tocar con los pies en el suelo, pone la fiesta del juicio de Cristo Rey en su sitio. La realeza de Cristo es una cosa bien distinta de la prepotencia, es simplemente la realidad fundamental de la existencia: el amor tendrá la última palabra.

Jesús nos muestra que el sentido de la realeza -o potestad- es el servicio a los demás. Él afirmó de sí mismo que era Maestro y Señor (cf. Jn 13,13), y también que era Rey (cf. Jn 18,37), pero ejerció su maestrazgo lavando los pies a los discípulos (cf. Jn 13,4 ss.), y reinó dando su vida. Jesucristo reina, primero, desde una humilde cuna (¡un pesebre!) y, después, desde un trono muy incómodo, es decir, la Cruz.

Encima de la cruz estaba el cartel que rezaba «Jesús Nazareno, Rey de los judíos» (Jn 19,19): lo que la apariencia negaba era confirmado por la realidad profunda del misterio de Dios, ya que Jesús reina en su Cruz y nos juzga en su amor. «Seremos examinados sobre el amor».

P. Antoni POU OSB Monje de Montserrat

jueves, 23 de noviembre de 2017

“El Evangelio de hoy 23.11.2017 para la FAMILIA"

Día litúrgico: Jueves XXXIII del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 19,41-44): En aquel tiempo, Jesús, al acercarse a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita».

Para escuchar pulse aquí

miércoles, 26 de abril de 2017

El viernes Francisco viaja a Egipto para tender puentes con el Islam más moderado

 

Publicado el 25 abr. 2017
Querido pueblo de Egipto:
Al Salamò Alaikum! / La paz esté con vosotros.
Con el corazón lleno de gratitud y rebosante de alegría visitaré dentro de pocos días vuestra amada Patria: cuna de civilización, don del Nilo, tierra de sol y hospitalidad, donde vivieron Patriarcas y Profetas, y donde Dios, Clemente y Misericordioso, Todopoderoso y Único, hizo resonar su voz.
Me siento realmente feliz de ir como amigo, como mensajero de paz y como peregrino al País que, hace dos mil años, dio refugio y hospitalidad a la Sagrada Familia, que huía de las amenazas del Rey Herodes (cf. Mt 2,1-16). Me siento honrado de visitar la tierra en la que habitó la Sagrada Familia.
Os saludo cordialmente y os agradezco vuestra invitación para visitar Egipto, al que vosotros llamáis «Umm il Dugna» / Madre del Universo.
Agradezco vivamente al Señor Presidente de la República, a Su Santidad el Patriarca Tawadros II, al Gran Imán de Al-Azhar y al Patriarca Copto–Católico por su invitación. Doy las gracias a cada uno de vosotros que me acogéis en vuestro corazón. Mi agradecimiento también a todas las personas que han trabajado, y están trabajando, para hacer posible este viaje.
Deseo que esta visita sea como un abrazo de consuelo y de aliento para todos los cristianos de Oriente Medio; un mensaje de amistad y de estima para todos los habitantes de Egipto y de la Región; un mensaje de fraternidad y de reconciliación para todos los hijos de Abrahán, de manera particular para el mundo islámico, en el que Egipto ocupa un lugar destacado. Espero también que contribuya eficazmente al diálogo interreligioso con el mundo islámico y al diálogo ecuménico con la venerada y amada Iglesia Copto-Ortodoxa.
Nuestro mundo, desgarrado por la violencia ciega —que también ha golpeado el corazón de vuestra querida tierra— tiene necesidad de paz, de amor y de misericordia. Tiene necesidad de agentes de paz y de personas libres y liberadoras, de gente valiente que sepa aprender del pasado para construir el futuro sin encerrarse en prejuicios. Tiene necesidad de constructores de puentes de paz, de diálogo, de fraternidad, de justicia y de humanidad.
Queridos hermanos egipcios, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, musulmanes y cristianos, ricos y pobres…, os abrazo cordialmente y pido a Dios Todopoderoso que os bendiga y proteja vuestro País de todo mal.
Por favor, rezad por mí. Shukran wa Tahiahì! Gracias y ¡viva Egipto!

Papa: El Evangelio se anuncia con humildad, no con el poder.

El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta.
25/04/2017 12:37
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El anuncio del Evangelio debe ser hecho con humildad, venciendo la tentación de la soberbia. Es la exhortación que hizo Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, en la fiesta de San Marcos Evangelista. El Papa reafirmó la necesidad para los cristianos de “salir para anunciar” y puso de manifiesto que un predicador debe estar siempre en camino sin buscar “un seguro de vida”, permaneciendo inmóvil y seguro.
Jesús da la misión a los discípulos: anunciar el Evangelio. “No permanecer en Jerusalén”, sino salir a proclamar la Buena Noticia a todos. El Papa Bergogliose detuvo a reflexionar sobre el Evangelio de Marcos que narra acerca del mandato del Señor a sus discípulos y observó que “el Evangelio es proclamado siempre en camino, jamás sentados, siempre en camino”.
Salir para anunciar, no permanecer inmóvil, sino caminar siempre
Es necesario ir donde Jesús no es conocido o donde Jesús es perseguido  – dijo el Pontífice – o donde Jesús está desfigurado, para proclamar el Evangelio verdadero”:
“Salir para anunciar. Y también en esta salida va la vida, se juega la vida del predicador. Él no está seguro, para los predicadores no hay seguros de vida. Y si un predicador busca un seguro de vida, no es un verdadero predicador del Evangelio: no sale, permanece seguro. Primero: vayan, salgan. El Evangelio, el anuncio de Jesucristo, se hace en salida, siempre en camino, siempre. Tanto en el camino físico, como en el camino espiritual o en el camino del sufrimiento: pensemos en el anuncio del Evangelio que hacen tantos enfermos. ¡Tantos enfermos! que ofrecen sus dolores por la Iglesia, por los cristianos. Pero siempre salen de sí mismos”.
Ante la pregunta de cómo debe ser el estilo de este anuncio, el Santo Padreobservó: “San Pedro, que ha sido el maestro de Marcos, es tan claro en la descripción de este estilo”. Y dijo que “el Evangelio debe anunciarse con humildad, porque el Hijo de Dios se ha humillado, se ha aniquilado. El estilo de Dios es éste” y “no hay otro”. “El anuncio del Evangelio – reafirmó – no es un carnaval, una fiesta”. Este “no es el anuncio del Evangelio”.
El Evangelio se anuncia con humildad, vencer la tentación de la mundanidad
Francisco también dijo que “el Evangelio no puede ser anunciado con el poder humano, no puede ser anunciado con el espíritu de escalar y subir”. Esto – añadió el Papa – “no  es el Evangelio”. Por lo tanto, todos están llamados a revestirse de “humildad recíprocamente”, porque “Dios resiste a los soberbios, pero da gracias a los humildes”:
“¿Y por qué es necesaria esta humildad? Precisamente porque nosotros llevamos adelante un anuncio de humillación, de gloria, pero a través de la humillación. Y el anuncio del Evangelio sufre la tentación: la tentación del poder, la tentación de la soberbia, la tentación de las mundanidades, de tantas mundanidades que existen y nos llevan a predicar o a recitar; porque no es predicación un Evangelio diluido, sin fuerza, un Evangelio sin Cristo crucificado y resucitado. Por esta razón Pedro dice: ‘Vigilen, vigilen, vigilen… Su enemigo, el diablo, va como un león rugiente buscando a quien devorar. Resístanle, firmes en la fe, sabiendo que los mismos sufrimientos son impuestos a sus hermanos esparcidos por el mundo’. El anuncio del Evangelio, si es verdad, sufre la tentación”.
El Papa observó asimismo que si un cristiano dice que anuncia el Evangelio “pero jamás es tentado”, entonces significa que “el diablo no se preocupa” porque “estamos predicando una cosa que no sirve”.
Pedir al Señor que salgamos de nosotros mismos para evangelizar
“Por esto – dijo el Obispo de Roma – siempre en la verdadera predicación hay algo de tentación y también de persecución”. El Pontífice concluyó su homilía subrayando que cuando estamos en el sufrimiento, es el Señor quien nos da la fuerza, tal como lo prometió cuando envió a los Apóstoles”:
“Será el Señor el que nos consolará, el que nos dará fuerza para ir adelante, porque Él obra con nosotros si nosotros somos fieles al anuncio del Evangelio, si salimos de nosotros mismos para predicar a Cristo crucificado, escándalo y locura, y si hacemos esto con un estilo de humildad, de verdadera humildad. Que el Señor nos dé esta gracia, como bautizados, a todos, de tomar el camino de la evangelización con humildad, con confianza en Él mismo, anunciando el verdadero Evangelio: ‘El Verbo ha venido en la carne’. El Verbo de Dios ha venido en la carne. Y ésta es una locura, es un escándalo; pero hacerlo con la conciencia de que el Señor está junto a nosotros, obra con nosotros y confirma nuestro trabajo”.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta. 15.12.16

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Jueves, 15 de diciembre de 2016
La figura de hoy es Juan el Bautista. Es la misma liturgia del Adviento, ayer, hoy y mañana, la que refleja su ministerio: un hombre que vivía en el desierto, predicaba y bautizaba. Todos iban a buscarlo, hasta los fariseos y los doctores de la ley, pero con despego, o sea, para juzgarlo y sin dejarse bautizar. En el Evangelio de hoy, Jesús pregunta a la gente qué han ido a ver en el desierto: ¿Una caña agitada por el viento? ¿Un hombre vestido con ropas lujosas? No a un hombre vestido con trajes de lujo, porque los que viven en el lujo están en los palacios del rey, alguno en el obispado. Lo que han ido a ver es un profeta, y más que un profeta, porque entre los nacidos de mujer no hay ninguno más grande que Juan, el último de los profetas, porque después de él está el Mesías. Era un hombre fiel a lo que el Señor le había pedido, grande por ser fiel. Con una grandeza que se veía también en su predicación. Predicaba fuerte, decía cosas feas a los fariseos, a los doctores de la ley, a los sacerdotes. No les decía: ‘Pero queridos, comportaos bien’. No. Les decía: ‘Raza de víboras’, así. No se andaba con tapujos. Porque se acercaban para vigilarlo, para ver, pero nunca con el corazón abierto: ‘Raza de víboras’. Arriesgaba la vida, sí, pero era fiel. Luego a Herodes, a la cara, le decía: ‘Adúltero, no te es lícito vivir así, ¡adultero!’. ¡A la cara! Y es seguro que si un párroco hoy en la homilía dominical dijese: ‘Entre vosotros hay algunos que son raza de víboras y hay tantos adúlteros’, seguro que el obispo recibiría cartas de desconcierto: ‘Expulse a este párroco que nos insulta’. Y este insultaba. ¿Por qué? Porque era fiel a su vocación y a la verdad.

Sin embargo, con la gente era comprensivo: a los publicanos, pecadores públicos que explotaban al pueblo, les decía: “No pidáis más de lo justo”. Comenzaba con poco. Luego veremos. Y los bautizaba. Primero ese paso. Luego veremos. A los soldados, a los policías, les pedía que no amenazaran ni denunciaran a nadie, y se contentaran con su salario. Eso quiere decir no entrar en el mundo de los sobornos. Cuando un policía te detiene, te hace la prueba del alcohol, hay un poco más: ‘Eh, no, pero… ¿Cuánto? ¡Venga!’. No, eso no. Juan bautizaba a todos esos pecadores, pero con ese mínimo paso adelante, porque sabía que con ese paso luego el Señor hacía el resto. Y se convertían. Es un pastor que comprendían la situación de la gente y la ayudaba a ir adelante con el Señor. Juan fue además el único de los profetas al que se le concedió la gracia de señalar a Jesús.

A pesar de que Juan fuese grande, fuerte, seguro de su vocación, también tenía momentos oscuros, tenía sus dudas. Porque desde la cárcel comienza a dudar, aunque había bautizado a Jesús, porque era un Salvador no como él lo había imaginado. Y entonces envía a dos de sus discípulos a preguntarle si era Él el Mesías. Y Jesús corrige la visión de Juan con una respuesta clara. Dice que le cuenten a Juan que los ciegos recobran la vista, los sordos oyen, los muertos resucitan. Los grandes se pueden permitir dudar, porque son grandes, y eso es bonito. Están seguros de la vocación pero, cada vez que el Señor les hace ver un nuevo tramo del camino, les entran dudas. ‘Pero esto no es ortodoxo, esto es herético, ese no es el Mesías que yo esperaba’. El diablo hace esa labor y algún amigo también ayuda, ¿no? Esa es la grandeza de Juan, un grande, el último de aquella legión de creyentes que comenzó con Abraham, el que predica la conversión, el que no usa medias palabras para condenar a los soberbios, el que al final de su vida se permite dudar. ¡Y ese es un buen programa de vida cristiana!

En síntesis: decir las cosas con verdad y recibir de la gente lo que puedan dar, un primer paso. Pidamos a Juan la gracia de la valentía apostólica de decir siempre las cosas con verdad, del amor pastoral, de recibir de la gente lo poco que pueden dar, el primer paso. Dios hará lo demás. Y también la gracia de dudar. Muchas veces, quizá al final de la vida, se puede uno preguntar: ‘¿Pero es verdad todo lo que yo he creído o son fantasías?’, la tentación contra la fe, contra el Señor. Que el gran Juan, que es el más pequeño en el reino de los Cielos, por eso es grande, nos ayude por esa senda tras las huellas del Señor.